Queridos geógrafos:
Son días de sensaciones
encontradas. Independientemente de lo que suceda con las dichosas notas, el
miércoles pusimos el punto y final a la Licenciatura en Geografía; o al menos
ésta ha concluido como la hemos conocido durante los cinco años que llevamos en
la universidad. Porque algunos terminamos la última de las diez convocatorias
de exámenes que de forma ordinaria teníamos que completar; porque fue la última
vez que todos hicimos un examen juntos; porque probablemente fue la última
ocasión que estuve con algunos de vosotros entre las paredes de la que ha sido
durante estos años nuestra casa.

La sensación que más me pesa es
que el tiempo ha pasado muy rápido;
demasiado rápido. Parece que fue ayer cuando estuve en el Vicerrectorado
para echar la preinscripción… o cuando acudí por primera vez a nuestra Facultad
a pedir el volante de citación para hacer la matrícula al día siguiente. Aquel
jueves 2 de octubre de 2008 ya tan lejano en el tiempo, empezó nuestra andadura
universitaria y tras los primeros días de desubicación poco a poco os fui
conociendo; llegó la salida de Valdemorillo, primer gran momento de integración
y unión. Poco a poco los lazos se fueron estrechando, lo que nos ha permitido
que desde 2008 hasta ahora, casi 5 años después, hayamos compartido todo tipo
de experiencias juntos.
Se supone que vinimos a la
universidad a aprender cosas, y creo que a pesar de todo y lo mal que nos han
tratado por ser la última promoción de licenciados, algo nos llevamos. El Landschaft
y Landschatsökologie de Donaire, los conceptos de tiempo y clima de María
Eugenia, los cartógrafos griegos y romanos de Córdoba, la evolución histórica
de la Geografía de Ángela, los conjuntos regionales de María Teresa y la estadística
de Beatriz abrieron nuestra formación. Les siguieron multitud de asignaturas,
unas mejores y otras peores, para acabar cerrando este año con el modelo
territorial que tanto tiempo nos ha ocupado, las técnicas de Obdulia o las
lecturas de Fernando. Estos 5 años han dado para recorrernos la Comunidad de Madrid
y alguna vez traspasar sus fronteras. Todo empezó y acabó en Valdemorillo y
además hemos pateado el sureste, suroeste y noreste, así como nuestra Madrid
capital. Pero también hemos pisado en varias ocasiones mi querida Segovia,
Ávila, Salamanca, Toledo, La Mancha… Nos hemos desesperado cogiendo muestras
para hacer herbarios, hemos medido caudales con las sofisticadas técnicas de
nuestra Facultad, recogido muestras de multitud de rocas, visitado circos y
valles glaciares, valles fluviales… Hemos comprobado sobre el terreno las redes
hidrográficas con las que acabamos soñando tras horas y más horas de estéreo,
caminado sin rumbo por Villanueva de la Cañada, achicharrándonos bajo el
incesante sol segoviano, visitando catedrales a medio construir… Incluso hicimos
atascarse a un autobús por las calles de Sepúlveda, dejamos a otro atravesando
subiendo a Patones y vimos pasar nuestra vida mientras transitábamos por un camino
estrecho sin asfaltar mientras nos llevaban a ver rocas del Ordovícico; sí,
Donaire estuvo detrás de todas estas aventuras! jajaja Los conductores de la
empresa Milo tenían que tener pesadillas con él...
Podría ser malo y perverso jajaja y
recordar pasajes gloriosos no protagonizados precisamente por nosotros... Pero
necesitaría una entrada específica, así que para otra ocasión... si acaso.
¿Pero
qué ha sido lo mejor de ésta Licenciatura? ¿Lo que me llevo para siempre, lo
que realmente ha merecido por encima de todo la pena? Vosotros. Ni en mis
mejores sueños podía haber imaginado tener unos compañeros como lo habéis sido
vosotros. En
una clase de un ya de por sí excepcional nivel en la que además ha dado la
casualidad de que varias personas hemos estado cinco años disputándonos las
matrículas de honor de todas las asignaturas (salvo de la que todos sabemos)
qué fácil hubiera sido ver como surgían los celos, las envidias o los juegos
sucios. Pero nosotros por el contrario hemos estado cinco años apoyándonos,
colaborando los unos con los otros, ayudándonos en todo lo que nos ha hecho
falta. Nuestro compañerismo y solidaridad creo que son dignos de reconocimiento
y de admiración. A nuestra promoción no la hace especial nuestros brillantes
expedientes (que también) sino que hayamos tejido semejante red de amistad. Gracias. Gracias por haber estado siempre
en el asiento contiguo o al otro lado de la mesa, detrás de cada llamada, de
cada correo, de cada privado de Tuenti, mensaje de Facebook o WhatsApp. Gracias
por haber sido ejemplares y por haber encarnado en todo su esplendor el
significado de la palabra compañerismo.
Pero lo académico no lo es
todo; es más, lo académico muchas veces no ha sido ni de lejos lo más importante.
Y en ese sentido más allá de la rutina universitaria he tenido el inmenso
privilegio de integrar en mi vida a personas excepcionales en cuanto a su
calidad humana; no ya buenos compañeros, excelentes amigos y maravillosas
personas. La salida de campo de Valdemorillo nos comenzó a unir y tras dar el
salto a los asientos de delante, pasasteis a formar parte de mi vida… y así
hasta hoy. Cada uno de vosotros (Ángeles, Lola, Rosa, Sergio, Saray, Chema,
Marcos desde el primer momento, mis grandes amigos de esta carrera; Silvia y Eva,
un poco después; y Alberto el último en llegar) me habéis aportado mucho desde
vuestra condición personal. También, aunque hayamos tenido menos trato Javi,
Leandro, Alfredo, Luis y Víctor. A todos
gracias.
Aunque para terminar os tengo
que pedir disculpas porque me veo en la obligación de personalizar el mensaje
final. Nada hubiera sido igual sin vosotros dos, que sois los que desde
nuestras desatenciones en clase o desde fuera de la Facultad me habéis aportado
los mejores momentos de estos cinco años; y en quienes
más he confiado para compartir mis problemas, mis alegrías… y mis sueños. David
y María, habéis sido la pieza fundamental para resistir los malos momentos y
para que en los días complicados haya tenido sentido ir hasta Madrid; quienes
más me habéis hecho sonreír y por quienes me he sentido más querido y apreciado.
Nunca os estaré lo suficientemente agradecido por lo que habéis representado en
mi vida.
Hasta la próxima.
