sábado, 1 de junio de 2013

Gracias, compañeros

Queridos geógrafos:

Son días de sensaciones encontradas. Independientemente de lo que suceda con las dichosas notas, el miércoles pusimos el punto y final a la Licenciatura en Geografía; o al menos ésta ha concluido como la hemos conocido durante los cinco años que llevamos en la universidad. Porque algunos terminamos la última de las diez convocatorias de exámenes que de forma ordinaria teníamos que completar; porque fue la última vez que todos hicimos un examen juntos; porque probablemente fue la última ocasión que estuve con algunos de vosotros entre las paredes de la que ha sido durante estos años nuestra casa.

La sensación que más me pesa es que el tiempo ha pasado muy rápido; demasiado rápido. Parece que fue ayer cuando estuve en el Vicerrectorado para echar la preinscripción… o cuando acudí por primera vez a nuestra Facultad a pedir el volante de citación para hacer la matrícula al día siguiente. Aquel jueves 2 de octubre de 2008 ya tan lejano en el tiempo, empezó nuestra andadura universitaria y tras los primeros días de desubicación poco a poco os fui conociendo; llegó la salida de Valdemorillo, primer gran momento de integración y unión. Poco a poco los lazos se fueron estrechando, lo que nos ha permitido que desde 2008 hasta ahora, casi 5 años después, hayamos compartido todo tipo de experiencias juntos.

Se supone que vinimos a la universidad a aprender cosas, y creo que a pesar de todo y lo mal que nos han tratado por ser la última promoción de licenciados, algo nos llevamos. El Landschaft y Landschatsökologie de Donaire, los conceptos de tiempo y clima de María Eugenia, los cartógrafos griegos y romanos de Córdoba, la evolución histórica de la Geografía de Ángela, los conjuntos regionales de María Teresa y la estadística de Beatriz abrieron nuestra formación. Les siguieron multitud de asignaturas, unas mejores y otras peores, para acabar cerrando este año con el modelo territorial que tanto tiempo nos ha ocupado, las técnicas de Obdulia o las lecturas de Fernando. Estos 5 años han dado para recorrernos la Comunidad de Madrid y alguna vez traspasar sus fronteras. Todo empezó y acabó en Valdemorillo y además hemos pateado el sureste, suroeste y noreste, así como nuestra Madrid capital. Pero también hemos pisado en varias ocasiones mi querida Segovia, Ávila, Salamanca, Toledo, La Mancha… Nos hemos desesperado cogiendo muestras para hacer herbarios, hemos medido caudales con las sofisticadas técnicas de nuestra Facultad, recogido muestras de multitud de rocas, visitado circos y valles glaciares, valles fluviales… Hemos comprobado sobre el terreno las redes hidrográficas con las que acabamos soñando tras horas y más horas de estéreo, caminado sin rumbo por Villanueva de la Cañada, achicharrándonos bajo el incesante sol segoviano, visitando catedrales a medio construir… Incluso hicimos atascarse a un autobús por las calles de Sepúlveda, dejamos a otro atravesando subiendo a Patones y vimos pasar nuestra vida mientras transitábamos por un camino estrecho sin asfaltar mientras nos llevaban a ver rocas del Ordovícico; sí, Donaire estuvo detrás de todas estas aventuras! jajaja Los conductores de la empresa Milo tenían que tener pesadillas con él...

Podría ser malo y perverso jajaja y recordar pasajes gloriosos no protagonizados precisamente por nosotros... Pero necesitaría una entrada específica, así que para otra ocasión... si acaso. 

¿Pero qué ha sido lo mejor de ésta Licenciatura? ¿Lo que me llevo para siempre, lo que realmente ha merecido por encima de todo la pena? Vosotros. Ni en mis mejores sueños podía haber imaginado tener unos compañeros como lo habéis sido vosotros. En una clase de un ya de por sí excepcional nivel en la que además ha dado la casualidad de que varias personas hemos estado cinco años disputándonos las matrículas de honor de todas las asignaturas (salvo de la que todos sabemos) qué fácil hubiera sido ver como surgían los celos, las envidias o los juegos sucios. Pero nosotros por el contrario hemos estado cinco años apoyándonos, colaborando los unos con los otros, ayudándonos en todo lo que nos ha hecho falta. Nuestro compañerismo y solidaridad creo que son dignos de reconocimiento y de admiración. A nuestra promoción no la hace especial nuestros brillantes expedientes (que también) sino que hayamos tejido semejante red de amistad. Gracias. Gracias por haber estado siempre en el asiento contiguo o al otro lado de la mesa, detrás de cada llamada, de cada correo, de cada privado de Tuenti, mensaje de Facebook o WhatsApp. Gracias por haber sido ejemplares y por haber encarnado en todo su esplendor el significado de la palabra compañerismo. 

Pero lo académico no lo es todo; es más, lo académico muchas veces no ha sido ni de lejos lo más importante. Y en ese sentido más allá de la rutina universitaria he tenido el inmenso privilegio de integrar en mi vida a personas excepcionales en cuanto a su calidad humana; no ya buenos compañeros, excelentes amigos y maravillosas personas. La salida de campo de Valdemorillo nos comenzó a unir y tras dar el salto a los asientos de delante, pasasteis a formar parte de mi vida… y así hasta hoy. Cada uno de vosotros (Ángeles, Lola, Rosa, Sergio, Saray, Chema, Marcos desde el primer momento, mis grandes amigos de esta carrera; Silvia y Eva, un poco después; y Alberto el último en llegar) me habéis aportado mucho desde vuestra condición personal. También, aunque hayamos tenido menos trato Javi, Leandro, Alfredo, Luis y Víctor. A todos gracias. 

Aunque para terminar os tengo que pedir disculpas porque me veo en la obligación de personalizar el mensaje final. Nada hubiera sido igual sin vosotros dos, que sois los que desde nuestras desatenciones en clase o desde fuera de la Facultad me habéis aportado los mejores momentos de estos cinco años; y en quienes más he confiado para compartir mis problemas, mis alegrías… y mis sueños. David y María, habéis sido la pieza fundamental para resistir los malos momentos y para que en los días complicados haya tenido sentido ir hasta Madrid; quienes más me habéis hecho sonreír y por quienes me he sentido más querido y apreciado. Nunca os estaré lo suficientemente agradecido por lo que habéis representado en mi vida. 

Hasta la próxima.


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