España cierra su participación en
los Juegos Olímpicos de Londres 2012 con un total de 17 medallas, 3 de oro, 10
de plata y 4 de bronce, igualando el resultado de Atlanta 1996 y a un metal de
los últimos Juegos de Beijing 2008, lo que nos ha valido acabar en el puesto
21º del medallero, justo por delante de Brasil (próximo país organizador).
Tras una primera semana de
competición donde casi nada nos salió y acumulamos tremendas dosis de mala
suerte, hemos afrontado una segunda semana con un goteo continuo de medallas que
inauguró Javier Gómez Noya en triatlón y han cerrado los chicos de la selección
de baloncesto. Antes Mireia Belmonte y Maialen Chourrat eran las únicas que
habían logrado llegar al pódium.
Si analizamos la participación
española desde una óptica un poco más amplia a la de las medallas, nuestro país
continua con un lento retroceso que se viene experimentando desde los Juegos de
Atenas donde logramos unos excelentes resultados con 53 puestos de finalista, que
pasaron a ser 46 en Beijing y 30 ahora en Londres. Pero es que si sumamos las medallas
y los diplomas estos Juegos han sido los peores desde Seúl 1988. Los 47
clasificados entre los ocho primeros puestos de Londres 2012 son menos que los
de Atlanta (52), Beijing (54), Sydney (55), Barcelona (62) y Atenas (72). En el
contexto de crisis actual, con recortes en todas las partidas presupuestarias,
España corre el serio peligro de seguir perdiendo presencia poco a poco. Para
ganar medallas, para lograr puestos de finalista, para que nuestros deportistas
estén peleando hace falta inversión. Y en ese sentido creo que el éxito de la
candidatura de Madrid 2020 puede estar ligado a que nuestro deporte no se siga
deteriorando.
Pero más allá de esta perspectiva
histórica, hay que analizar esta competición de quince días en base a las
opciones reales que teníamos antes de que dieran comienzo el pasado 27 de
julio. Y en ese sentido, las 17 medallas de Londres 2012 se pueden considerar
un buen resultado para nuestro país. El único deporte que ha fracasado estrepitosamente
ha sido el fútbol. Muchas cosas fallaron ahí para que una selección con un
nivel que está de sobra demostrado por sus resultados en categorías inferiores no
fuera capaz de ganar ni un solo partido, ni de marcar un solo gol, dando una
imagen lamentable en la mayor parte del tiempo que estuvieron sobre el terreno
de juego. El tenis, que nos había dado siempre una medalla desde Seúl 1988, nos
ha fallado esta ocasión, pero no se puede hablar de fracaso. Llegamos a Londres
sin nuestro mejor tenista (y claro favorito para luchar por las medallas) y
hemos jugado sobre una superficie que no es la más propicia para muchos de los
españoles, pero sobre la que de cualquier modo hemos estado rozando el metal.
Los jugadores no han fracasado, sí la Federación o quien quiera que fuera el
responsable de no saber inscribir a una pareja de dobles mixtos (que por lo
novedoso de la prueba, y el reducido número de parejas tenían grandes opciones
de luchar por las medallas). Por último, los resultados del atletismo no han
sido nada buenos, pero por desgracia no pueden sorprendernos pues era ya
conocida la situación en la que acudíamos a Londres. Que todos los españoles de
1.500 cayeran a las primeras de cambio es quizás el mayor reflejo simbólico.
Pero lo cierto es que ha sido precisamente en el atletismo donde se nos han
escapado los registros de puestos de finalista de Beijing: frente a los 11 diplomas
de 2008 hemos caído a sólo 4.
Por lo demás el resto de deportes
han estado claramente a la altura de lo esperado. Nuestra presencia en natación
sigue siendo algo escasa, pero hemos pasado de un simple puesto de finalista en
Beijing a dos medallas de plata y un diploma en Londres; mientras que en las
aguas abiertas hemos hecho también un buen papel. Por su parte la sincronizada se ha mentenido en su nivel. Tanto el piragüismo en aguas tranquilas como en aguas bravas ha colocado a todos sus representantes y finales
y han cosechado medallas. El taekwondo ha estado claramente por encima de lo
que se podía soñar, llegando a un pleno histórico de medallas; la lucha libre ha cumplido con creces y el judo, aunque se vaya sin medalla por tercera vez
consecutiva, ha logrado disputarla. La vela, que pierde fuelle en relación a otras
olimpiadas ha vuelto a ser nuestro principal puntal. Y en otros deportes como
la halterofia o el tiro hemos estado peleando las medallas.
En deportes de equipo, fútbol
aparte, nuestra actuación también ha sido muy positiva. Los jugadores de
balonmano masculino fueron eliminados de la forma más injusta posible antes los
campeones olímpicos pero jugando francamente bien, y aunque de los de hockey
hierba se podía haber esperado algo más, su participación tampoco ha sido mala.
Lo mismo se puede decir de los de waterpolo. De la selección de baloncesto no hay palabras para definir lo que una vez más
han hecho, ni tampoco casi para las femeninas de waterpolo y balonmano que han
firmado un campeonato brillante.
De lo que sí nos podemos lamentar
es que, en cuanto al número de medallas, hemos estado muy cerca de ser nuestros
segundos mejores Juegos Olímpicos: el combate de judo que decidieron de forma
un tanto injusta los jueces (18), los cuatro puntos de partido de David y
Feliciano ante Francia (19) y la salida de cadena de José Antonio Hermida que
le hubiera permitido, en principio viendo los tiempos, ser medalla (20). Incluso no estaban lejos las 22 medallas de Barcelona, si tenemos en cuenta los restantes cuartos puestos donde también rozamos metal.
Próxima parada olímpica el 7 de septiembre
de 2013 cuando se decidirá si Madrid organiza o no los Juegos de 2020. Y después,
el 5 de agosto de 2016, arrancarán los XXXI Juegos Olímpicos en Río de Janeiro.

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